I

La prueba de sonido de la primera sesión, en El Refugio de La Salvaje, con Álvaro Bárcena, Sil Fernández y Víctor Gil, se convirtió en una suerte de sesión semiacústica de los Zeppelin.

II

Esa noche, El Refugio se llenó. Y sonó, por primera vez en el festival, ‘The Sky Is Crying’, el himno oficioso. Y nos vimos en la encrucijada, con Robert Johnson y ‘Love in Vain’ y ‘Come On in My Kitchen’. Y Leonard Cohen, de cuyo blues ‘Got a Little Secret’ sale el nombre del festival, también estuvo.

Y el gran Muddy.

III

Yo pedí que nadie dejara de venir por no tener con quién. Nadie que ame el blues deje de venir por soledad. Estábamos mis amigas y yo. Mis amigas son las mejores amigas y yo no quise que nadie dejara de venir por no saber con quién y no decidirse.
La soledad indeseada es un horror, yo fui salvada muchas veces. Buscadme, nos acompañamos.

IV

En la segunda sesión, fueron Blues Stop y Alber Solo and The Firebirdblues. Y ahí lo supe. Porque quiero construir pequeños espacios en mi ciudad, que tanto bueno me da, zonas nobles ambulantes, que duran un rato, pero que en el rato que duran son de verdad.

Esa noche, supe que quienes estábamos allí lo habíamos conseguido: entre los músicos, el personal de la sala, el público. Conseguimos un club de blues en la ciudad, tan corriente como todas las ciudades corrientes, y, así, el objetivo del festival se cumplió.

Hicimos un club de blues como el club de Red, en Clarksdale, Mississippi, donde un bajista maltrecho, con la voz de Marvin Gaye, que es la voz del mundo, cantaba ‘Let’s Get It On’. 

V

Conversaciones eternas en noches finitas, sobre si es más sexy ‘I Put a Spell On You’ o ‘Hoochie Coochie Man’. Conversaciones que no tienen conclusión, porque da igual qué canción gane. Lo importante es tener la capacidad, que se torna privilegio, de sentirlas.

VI

Gran Muddy:
La Salvaje no es el Winterland Ballroom, en San Francisco, ni el Checkerboard Lounge, en Chicago.
El jueves en el escenario no estaba The Band, sino que estaban Álvaro Bárcena, Sil Fernández y Víctor Gil; y el viernes no estaban los Stones, sino Blues Stop.
Éramos gente blanca y pequeñita, pero, gran Muddy, te cantamos, te coreamos, te celebramos, y cantamos ‘Got My Mojo Workin‘‘ y gritamos ‘I’m a hoochie coochie man’, aunque fuéramos mujeres, en ese momento Sil y yo.
Gran Muddy, te prometo que en el Festival de Blues Chilly in Your Kitchen te honramos con tus canciones porque es imposible no respetarte, no reconocerte, no adorarte. Nos haces participar en lo común a nuestras pobres almas blancas, en este rincón del mundo.

VII

En la tercera sesión, con Maraya Zydeco y Blues & Decker Classic Experience, sonó, de nuevo, ‘The Sky Is Crying’, por dos veces, por cada banda, distinta cada interpretación, preciosas todas. Y se hizo el silencio.

VIII

Cuando hablé con Gonzalo Menéndez, de Cold River Blues, por vez primera, para preparar la cuarta y última sesión del festival, me dijo que su compañero, John Wyke, y él hacían blues antiguo, blues del Delta.
Esa música antigua que viene de esa tristeza antigua que encontró W. C. Handy en una estación de tren de un lugar perdido de Mississippi.
Pero no hubo tristeza, hubo alegría para celebrar el fin del festival.

IX

En una ciudad como Oviedo hay público para blues.
En una ciudad como Oviedo hay personas que pagan por ver blues.
En una ciudad como Oviedo hay público para ver a bandas que pueden ver en otros contextos, insertas dentro de un festival de blues.
En una ciudad como Oviedo hay un público magnífico, que canta, que baila, que corea, y que guarda silencio cuando toca.

X

Hablé con Leonard Cohen al terminar el festival, como casi cada noche. Tenía muchas cosas atrasadas que contarle.
Le dije que había explicado a quien quiso escucharme por qué un judío blanco canadiense sujeta con una frase suya un festival de blues.

Él me respondió: ‘It’s almost like salvation, it’s almost like the blues’.

Y XI

Esto hubiera sido imposible sin tantas personas, tantas.

Sin la presencia durante cuatro días del público, que vino a los conciertos gratuitos y a los de pago. Que saltó, bailó y cantó, aplaudió y guardó silencio cuando era necesario.

Esto hubiera sido imposible sin la sublime guitarra de Elmore James. Sin ‘The Sky Is Crying’. Sin Robert Johnson, sin ‘Love in Vain’. Sin Muddy Waters. Sin Willie Dixon. Sin Etta James. Sin toda la nómina de hombres y mujeres que hicieron nacer y desarrollarse esta sagrada música antigua.
Sin Jagger y Richards.
Sin Tierra Santa: el Delta, Memphis blues again, Chicago.

Muchísimas gracias. Nos vemos dentro de un año y, mientras tanto, nos vemos en los bares, en las canciones, en los conciertos, en las cuerdas de la guitarra, en las notas de la armónica cuando se elevan, en las zonas nobles ambulantes que creemos, donde nos guste estar, nos vemos en los dormitorios.

Veámonos, no hay nada mejor que la participación en lo común.

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Fotos tomadas por Ramón Collado (b/n) y Belén Suárez Prieto.

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